lunes, 8 de julio de 2013

Democracia en Egipto: ¿Quién gana, quién pierde?


Por María Cecilia Angulo Martínez desde El Cairo * 

En 2011 más de dos millones de personas se reunieron en la simbólica plaza Tharir en El Cairo, capital de Egipto, para gritarle al mundo que miles de años entre  teocracias, dictaduras y regímenes militares habían sido suficientes y que ahora los egipcios querían una democracia.

Retrocediendo en el tiempo, en 1952 cuando el general Gamal Nasser derrocó al rey Farouk, Egipto inició un periodo de gobierno militar que duro más de 50 años culminando en 2011 cuando el general Hosni Mubarak fue derrocado por el pueblo, en una revolución conocida a nivel internacional y que hizo parte del nombrado fenómeno “la primavera árabe” inaugurado por Túnez.

El 6 de Junio de 2010, fue asesinado por la policía un estudiante de 28 años en Alexandria, lo que colmó la paciencia de los egipcios quienes habían sido víctimas de todo tipo de abusos por parte de la fuerza policial. Este hecho junto con la corrupción,  el desempleo, fallas en la política internacional, entre otros, desataron la revolución del 25 de Enero de 2011. La fotografía del estudiante aún se encuentra en una de las calles principales de esta emblemática ciudad egipcia, su rostro fue utilizado en aquellas manifestaciones como símbolo de protesta.

Como es bien conocido, el resultado de las multitudinarias revueltas, que dejaron cientos de muertos y heridos, fue la destitución de Mubarak y la institución de un gobierno temporal mientras se convocaron las elecciones populares. Durante esta época fueron los militares quienes tomaron el poder y se encargaron de mantener la estabilidad en el país.

El 30 de Junio de 2012 el pueblo egipcio eligió a Mohamed Morsi como el primer presidente designado mediante sufragio universal en la historia de Egipto, el candidato oponente, Ahmed Shafiq, primer ministro durante el gobierno de Mubarak y quien sería, para muchos, una continuación del gobierno del gobierno militar. La estrechez en el margen de votos, (Morsi 51% y Shafiq 48%)[1] en las elecciones fue la primera señal que puso a dudar a muchos acerca de la real voluntad de los egipcios de un cambio. El resultado de las elecciones representó una sorpresa pues Mohamed Morsi era respaldado por la Hermandad Musulmana, el partido islamista más fuerte del país.

Exactamente un año después de la posesión de Morsi como presidente, en las calles de El Cairo se escuchaba una voz unísona que cantaba  “erhal” en árabe, “afuera”. El pueblo se reunió nuevamente en la plaza Tharir, en una de las manifestaciones sin precedentes en la historia. Con un único propósito: destituir al presidente del poder. Al mismo tiempo, más de 20 millones de firman habían sido recolectadas en una campaña conocida como “Tamarod” que en español significa rebelión, con el fin de expresar la voluntad de la sociedad de adelantar las elecciones presidenciales.

La pregunta que surgía entonces era, ¿por qué luego de sacrificar tantas vidas y gritarle al mundo que finalmente Egipto tenía una democracia, ahora, a tan sólo un año de haberse establecido como tal, querían acabarla? Las razones son muchas, aunque el argumento más fuerte que se escuchaba en las calles era que la influencia de los Hermanos Musulmanes se estaba viendo plasmada en las políticas llevadas a cabo; e inclusive en la Constitución que dejó gran parte de la interpretación para aplicar la sharía tradicional. En ella se afirmaba que “El Islam es la religión del Estado, y los principios de la sharía son la principal fuente de legislación”[2]. Muchos sectores de la sociedad temían a lo que eso podría conllevar.

Lo anterior, junto con otros problemas económicos como la carencia de gasolina en un país que había sido exportador de petróleo en años anteriores, molestó a muchos egipcios, -basta con ver las filas de carros en las estaciones de gasolina para entender la crisis-. La situación acabó con la paciencia de todos, especialmente con la de las nuevas generaciones que querían separar religión y política y que estaban esperando un gobierno que escuchara sus necesidades.

Así, la segunda revolución que estaba planeada para el 30 de Junio de 2013, empezó el pasado viernes 28, luego de que Morsi reconociera públicamente a través de un discurso público sus errores y prometiera significativos cambios. Los protestantes se anticiparon y salieron a las calles. Con banderas y pancartas para decir que no aceptaban sus palabras y que lo querían fuera del poder. El mismo día murió en Alexandria un periodista estadounidense victima en una de las manifestaciones, y  con ello la situación empezó a tomar otro color. Llegó el 30 de Junio y más de 30 millones de personas salieron a las calles a insistir en la renuncia del presidente. Esta masiva manifestación, nunca antes vista, fue apoyada por grupos en diferentes partes del mundo, quienes salieron a las calles en Paris, Montreal, Atenas, Frankfurt y Nueva York.

Sin embargo, y por otro lado, quienes apoyaban al gobierno de Morsi también salieron a las calles a manifestar. Como afirmó el líder de los Hermanos Musulmanes, Mohammed Badie: “Hay que respetar las elecciones y permitir que el presidente termine su periodo, así funciona la democracia”. Para algunos, Morsi no ha sido un mal presidente, pero no es lo que el pueblo necesitaba porque no es lo suficientemente fuerte. Aunque, esto no necesariamente significa que su gobierno sea ilegitimo y que haya que revocar su mandato.

A pesar de que los dos grupos se concentraron principalmente en distintos lugares de la capital, los detractores del gobierno en la plaza Tharir y quienes lo apoyaban en Nasr City, y de que las manifestaciones habían sido en su mayoría  pacíficas; las cosas se tornaron violentas la noche del pasado martes 2 de Julio cuando más de 15 personas murieron y cientos resultaron heridas en Giza, al suroccidente de El Cairo. Anterior a estos hechos ya las fuerzas militares habían amenazado con intervenir, pero lo hicieron formalmente al darle al gobierno un ultimátum de 48 horas para buscar una solución al problema político. Mientras tanto el presidente Morsi volvió a dirigirse al pueblo rechazando este plazo y expresando “estoy dispuesto a sacrificar mi sangre por el bien de la seguridad y la estabilidad de esta patria“ lo cual enfureció aún más a los manifestantes quienes lo entendieron como un “sobre mi cadáver”.

Los ciudadanos junto con la comunidad copta, ambos víctimas de las políticas de Morsi, apoyaron la decisión de las Fuerzas Armadas de intervenir. “Nosotros queremos a los militares, poco importa quién va a intervenir, pero queremos al presidente fuera” afirmaba una manifestante. Algunos no sabían exactamente por qué o qué iba a pasar después de que Morsi dejara el poder, sólo querían la renuncia del presidente.

El miércoles 3 de Julio, finalizadas las 48 horas y hacia algo más de las nueve de la noche, Abdel Fattah al-Sisi, Jefe de las Fuerzas Militares egipcias anunció en un discurso público que Morsi no continuaría como presidente. Nombró a Adly Mansour, miembro de la  Suprema Corte Constitucional, como presidente interino y  prometió, así mismo, el diseño de una hoja de ruta en la que decidirían cuando se llamaran a elecciones. La decisión ha sido igualmente apoyada por Teodoro II Papa de la comunidad copta y por Mohammed ElBaradei, importante diplomático egipcio. Igualmente ha sido apoyada por otros gobiernos entre ellos el de Arabia Saudita, Qatar y Siria como también por algunos países de la Unión Europea, por su parte el gobierno de Estado Unidos le hizo saber a las Fuerzas Militares que deberían llamar a elecciones lo antes posible y han mostrado gran preocupación, especialmente porque el gobierno de Obama ha estado apoyando a Egipto con 1.5 billones de dólares anuales[3], gran parte de los cuales han sido dirigidos al fortalecimiento del ejército. Por otra parte, el gobierno de Reino Unido y Turquía. Rechazaron enfáticamente este hecho. Hay que recordar que este último país musulmán atravesó por una situación similar en 1960 y actualmente está viviendo una serie de manifestaciones populares en contra del gobierno, por lo que resulta evidente entender las razones por las cuales catalogan lo sucedido en Egipto como “inaceptable”.

De cualquier forma, la noche del 3 de Julio 2013 será imposible de olvidar. En la plaza Tharir fuerzas militares, civiles y la policía celebraron con juegos pirotécnicos, pitos y tambores el fin de la era Morsi. El ejército sobrevolaba la plaza lanzando banderas a los manifestantes. De otro lado, quienes apoyaban al presidente, mostraron su descontento. Para ellos esto fue un Golpe de Estado, repitiendo las palabras del asesor político de Morsi “llamemos las cosas por su nombre, esto fue un golpe militar”

Luego de la expectativa surgen preguntas ¿fue realmente esto un golpe de estado? ¿Cómo afecta esto a la transición de la democracia que se inició en 2011? En primer lugar, se puede decir que si fue un golpe de estado en el sentido en que se abolió el Parlamento, se suspendió la Constitución Política y se destituyó abruptamente, sin ningún fundamento legal, al Presidente. Es cierto que esto se llevó a cabo con el aval de un gran porcentaje de la población, pero no se tuvo en cuenta la opinión de la otra parte, quienes se oponían la intervención de los militares.

Como se describió anteriormente, lo sucedido es para muchos una especie de “dejavú” pues en 2011 cuando Mubarak fue destituido, los militares tomaron el poder temporalmente y llamaron a elecciones seis meses después de haber destituido al presidente, aunque no lograron garantizar la transparencia en las votaciones, pues uno de los argumentos de los detractores de Morsi consistió en que las elecciones de 2012 habían sido fraudulentas.

Sea un golpe militar o no, el hecho de que las fuerzas militares hayan intervenido y “suspendido la democracia” trae consigo consecuencias muy graves para la misma como afirmó Fawaz Gerges, profesor de London School of Economics en la cadena televisiva Aljazeera: “Morsi fue un accidente, fue incompetente, pero fue también elegido por el pueblo. Un golpe militar tiene efectos negativos para la transición de la democracia en el sentido en que no se respetaron los acuerdos democráticos y se ha dado un mal ejemplo a países autoritarios de la región, quienes citarán a Egipto como ejemplo de democracia fallida, ellos dirán: “the democracy cannot be trusted” afirmó.

Este académico también sostuvo que existe el riesgo de una respuesta violenta por parte de los Hermanos Musulmanes y en general por quienes apoyaban a Morsi, al sentir que sus demandas no fueron tenidas en cuenta, advirtió además los peligros de un golpe de Estado citando como ejemplo la guerra civil en Argelia a finales del siglo XX.  Es posible también que Egipto sea excluido de acuerdos y organizaciones a las que pertenecía. Este viernes y a tan sólo dos días del golpe de Estado la Unión de Países Africanos suspendió a Egipto de todas las activadas[4].

Sin embargo, con las fuerzas militares controlando el país es difícil pensar en una confrontación entre los dos grupos, pues aunque Adly Mansour en su discurso de posesión afirmó que los miembros de la Hermandad Musulmana no serán excluidos del proceso político, actualmente varios canales y periódicos han sido cerrados por ser considerarlos pro-Morsi y más de 300 miembros de este partido han sido encarcelados en menos de dos días, tal como sucedió en los años noventa cuando Nasser tomó el poder.

¿Quién defendió la democracia? ¿Quién atento contra ella? Esto es algo que sólo el tiempo puede decir. Si efectivamente el cuerpo militar llama a elecciones entre seis y doce meses como lo prometieron y el pueblo elige democráticamente a un candidato logrando éste culminar su periodo, entonces la “segunda revolución” que acabamos de presenciar y que nos ha tenido en velo durante varios días, será realmente democrática y un verdadero ejemplo del poder ciudadano. Si por el contrario, las fuerzas armadas vuelven a intervenir, como lo ha hecho ya en dos ocasiones, será evidencia de que la democracia como se entiende en Occidente ha sido frustrada y será necesario revaluar si es éste el régimen político correcto para la sociedad egipcia o si lo que ellos necesitan es una especie de híbrido entre un régimen militar y una democracia, como afirma Abdelrahman Hisham, 20 años estudiante egipcio.

Fuentes:

[1] http://www.fairobserver.com/article/mohammed-morsi-egypts-new-president
[2] http://internacional.elpais.com/internacional/2012/11/29/actualidad/1354178560_541557.html
[3] http://www.dailymail.co.uk/news/article-2355318/Obama-orders-review-1-5-billion-dollars-year-aid-program-Egypt-expresses-deep-concern-military-coup-topples-Mohammed-Morsis-government.html
[4] http://www.egyptindependent.com/news/african-union-suspends-egypt-after-army-overthrow-morsy


* Sobre el autor y los derechos de este material: 

María Cecilia Angulo Martínez es Politóloga de la Universidad del Rosario. Enfocada en Desarrollo Internacional y Temas de Género. Ex practicante en la Embajada de Colombia en Canadá Actualmente Asistente de Investigación en la Alliance for Arab Women en El Cairo, Egipto.

Artículo distribuido por The Blue Passport
Link a la fuente original: http://goo.gl/xHA7C

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