viernes, 28 de junio de 2013

La rebelión del sentido común en Brasil


Rafael Eduardo Micheletti *

Una clara ventaja del sistema democrático sobre los diversos engendros autoritarios de distinta denominación es la maximización de la racionalidad de las decisiones políticas. En contra de lo que indican los variopintos teóricos del autoritarismo, si bien los pueblos pueden no contar con preparación específica, mantienen la cordura mejor que sus dirigentes. Esto les da la posibilidad de bajarlos a tierra cuando el poder se les ha subido demasiado a la cabeza, que es lo que parece estar pasando en Brasil.

El poder deja al descubierto nuestra verdadera naturaleza, que es imperfecta. Por eso debe ser controlado, repartido y renovado constantemente. El poder en exceso o por tiempo prolongado nos aleja de la realidad y nos vuelve torpes, incluso aunque tengamos buenas intenciones. Claro que si hay egoísmo de por medio el resultado es todavía peor, porque el poder pasa a ser usado deliberadamente en contra del pueblo, para dominarlo en vez de representarlo.

Las crecientes protestas masivas en Latinoamérica hablan de la maduración de la cultura política de nuestros pueblos, y también dejan en evidencia dos modelos políticos que se contraponen. En Argentina o Venezuela, tenemos gobiernos que conculcan derechos individuales y luego se escandalizan frente a la movilización ciudadana no digitada por ellos mismos, incluso hasta el punto de descalificarla. En Brasil, como en Chile en la movilización estudiantil por la educación, el caso parece ser el de una democracia representativa sólida, que viene saliendo del subdesarrollo con una dirigencia que acepta reglas de juego estables y le da entidad a las expresiones ciudadanas, más allá de sus evidentes equivocaciones. Mientras en Venezuela o la Argentina la gente se moviliza para resistir contra el autoritarismo, en Brasil lo hace para inyectarle sentido común a su dirigencia.

Pero lo cierto es que en Brasil no todo es color de rosas, y el pueblo tuvo que salir a las calles a tomar el toro por las astas. De un momento a otro, en contra de todos los pronósticos basados en las estadísticas que indicaban la sostenida reducción de la pobreza en el gigante sudamericano, masivas manifestaciones populares sumieron en el descontrol a más de veinte ciudades brasileñas. Esto brinda algunas lecciones: las personas son más que números y no sólo desean salir de la pobreza, sino ganar calidad y proyección de vida; quieren que se las respete como son, con valores, sueños y aspiraciones.

El disparador en Brasil fue el aumento del costo del transporte público, pero la causa iba mucho más allá, y apuntaba a la “representatividad” y “racionalidad” de las decisiones políticas. Rápidamente hizo furor en Internet un video realizado por Carla Dauden que se titula “No, yo no voy a ir al mundial”. La autora explica en el mismo: “La copa del mundo va a costar aproximadamente unos 30 billones de dólares. Eso es muchísimo a comparación de las tres últimas copas del mundo juntas. En un país donde el analfabetismo puede llegar al 21%. Un país que ocupa el puesto 85 en desarrollo humano y en donde 13 millones de personas pasan hambre todos los días.”

Lo que el pueblo de Brasil está demandando es más libertad y mejor democracia. Protesta contra los gastos superfluos, la ineficiencia estatal y los impuestos crecientes, que en 2012 llegaron al récord del 36,27% del PBI sin que se traduzcan en una mejora equivalente de la calidad de vida. Los ciudadanos de Brasil pretenden que las prioridades del Estado sean sus prioridades, y no las de una dirigencia a la cual las estadísticas se le subieron a la cabeza; que ha olvidado que el aporte de los dirigentes políticos se reduce, en última instancia, a apenas un poco más que abrir el espacio para los cambios que en verdad protagoniza la ciudadanía.

Al grupo de dirigentes que está permitiendo que Brasil se transforme gradualmente en una potencia económica de primer orden lo puede seducir mucho ver a su país convertirse en sede en unos pocos años de tres grandes eventos deportivos mundiales. Pero el pueblo se está encargando de recordarles la verdad, y lo hace con la simpleza y el ingenio que lo caracteriza, sintetizados en una frase tan clara como contundente: “una maestra es mejor que Neymar”.

A pesar del crecimiento económico y la reducción de la pobreza en las últimas décadas, el pueblo de Brasil ha salido a las calles. Y la clase dirigente ha reaccionado de manera positiva. Aunque resta ver cómo el atolondrado y ruidoso diálogo entre el pueblo y su dirigencia se traduce en hechos, es muy positivo que el intercambio exista. La palabra es un primer paso necesario para la acción, que habla de la salud de un sistema democrático que, a pesar de sus errores e imperfecciones, está en funcionamiento. 

* Estudiante avanzado de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario (Argentina) interesado especialmente en el derecho y la política internacionales. Columnista de varios medios y de www.democracialibreya.blogspot.com. Becario de la organización Fulbright y de la Fundación Friedrich Naumann Stiftung fur die Freiheit para asistir a cursos y seminarios en Estados Unidos y Alemania.

- Contacto: rmicheletti@observanto.net.
- Link a la fuente original: 
http://goo.gl/QTM9o

No hay comentarios: