viernes, 14 de junio de 2013

Brasil, segundo consumidor mundial de cocaína

|| Por Santiago Pérez desde Rio de Janeiro * ||

En los últimos años el brasileño medio ha visto incrementada su capacidad adquisitiva. Los sectores más relegados, la creciente clase media, y, por supuesto, los grupos de mayores ingresos, tienen hoy un poder de compra más elevado. La inmediata consecuencia de esta nueva realidad es el aumento en la demanda de bienes y servicios, entre los cuales, desafortunadamente, se encuentra la de cocaína.

El país demanda hoy el 18% de la producción mundial de dicha sustancia. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, el 1,4% de la población brasileña (2,8 millones de personas) consumen 92 toneladas anuales de cocaína. Esta explosión de consumo es uno de los perfiles más preocupantes del boom económico experimentado por la nación sudamericana. El uso del estupefaciente alcanza a todos los estratos sociales, expandiéndose rápidamente tanto entre los sectores más vulnerables como en las amplias capas medias, que hoy representan más del 50% del total de la población.

Brasil es hoy el segundo consumidor mundial de cocaína procesada y el primero de crack, una mezcla de base libre de cocaína y bicarbonato de sodio, altamente nocivo y adictivo. El primer escalón del podio es para los Estados Unidos, país que demanda el 37% de la producción global. Si bien lideran el ranking, el consumo de los norteamericanos se encuentra en declive. Los productores se ven obligados así a buscar nuevos mercados y los países emergentes son un destino cada vez más atractivo.

Es común que las drogas ilegales sigan al dinero. Es por esto que no es de extrañar que las sociedades que más narcóticos consumen sean las que mayor poder de compra tienen. El problema radica en que si bien el brasileño cuenta en la actualidad con más disponibilidad de recursos, el país no ha invertido lo suficiente en tratamientos contra la adicción y campañas preventivas.

Colombia, Bolivia y Perú son los tres principales productores de cocaína a nivel global. Su manufactura no es destinada al consumo interno, sino que es mayormente exportada. La explosión de demanda en Brasil ha hecho que, en forma inmediata, la producción en Bolivia aumente. Como suele suceder en cualquier mercado, si hay demandantes, naturalmente surgirán oferentes.

La frontera entre los mencionados países andinos y Brasil es de aproximadamente 7800 km (más extensa que la existente entre Estados Unidos y México) muchos de los cuales se encuentran en regiones de accidentada geografía y difícil acceso. Selvas, ríos y montañas dificultan el trabajo de las autoridades. El Mamoré es un río amazónico que divide el noreste de Bolivia con el Estado brasileño de Rondonia, es allí donde pequeños botes cruzan entre un país y otro durante la noche. Una avioneta demora solo 20 minutos en despegar y aterrizar al otro lado de la frontera. La policía dispone de lanchas de alta velocidad, pero al existir cientos de puertos clandestinos en ambos márgenes del río, las autoridades son conscientes de que son muchos los envíos que no son identificados.

La problemática es considerada una cuestión de seguridad y al mismo tiempo de defensa. Desde 2011 el Gobierno Federal ha intensificado la presencia de militares en puntos sensibles de la frontera. Existe también el proyecto de utilizar aviones no tripulados (drones) para monitorear aéreas de difícil acceso.

Actualmente los lindes internacionales de Brasil se encuentran mejor controlados que en el pasado, pero todavía falta mucho camino por recorrer para lograr una vigilancia a la altura de las necesidades. El éxito en el trabajo de prevención y concientización de la población será también fundamental para intentar disminuir los alarmantes niveles de consumo. Alcanzar el desarrollo con inclusión social y no solo crecimiento es otra ineludible obligación. Grandes desafíos para un Brasil que está siendo víctima de su propio éxito.

* Santiago Pérez
Lic. en Relaciones Internacionales
Rio de Janeiro, Brasil




1 comentario:

  1. Lula se ufana de los logros tenidos por sus programas sociales, en la reducción de la pobreza en su país, mirando con desdén, que el crecimiento, puede reducir pobreza con mayor efectividad.
    La pobreza brasileña se ha venido reduciendo desde los programas sociales impuestos por el presidente Cardoso, producto de sus reformas de mercado que hicieron posible que se generase una riqueza para distribuir, y que sin duda, el Brasil de hoy se debe a las políticas y medidas económicas por ese gobierno implantadas.
    Se reconoce que muy inteligentemente, la obra de Cardoso fue continuada en el gobierno LULA, que simplemente, fue un gobierno Neoliberal hacia adentro y exportador de Marxismo y Comunismo hacia afuera, (Foro de Sao Paulo, Castro/Lula, Populismo), presentando a esas ideologías como las benefactoras de los pobres, y por ende, las dueñas de sus votos.
    Como ejemplo y comparadas las experiencias del Perú y Brasil tendríamos, que el crecimiento, sería más grande y duradero, en materia de reducción de la pobreza.
    LULA desplegó un gasto asistencialista considerablemente mayor al peruano: 4% del PIB versus 0,5%, respectivamente. Y, sin embargo, el Perú viene reduciendo la pobreza a una velocidad mucho mayor que Brasil.
    En los últimos diez años, Brasil sacó al 8% de su población de la pobreza extrema. En el mismo período el Perú sacó al 27% de su población de dicha situación, tres veces mayor que la brasileña.
    En el mismo período, según el ex presidente brasileño, se crearon en Brasil empleos formales para el 19% de su Población Económicamente Activa. Pues bien, el Perú lo hizo en un 30%
    También dijo el señor Lula que en los últimos diez años el 10% más pobre de los brasileños mejoró sus ingresos en 68%. El 10% más pobre de los peruanos hizo lo propio en 108%
    Todos estos mejores resultados que los del Brasil, los ha logrado el Perú a base de crecimiento.
    Porque, si por un lado, Perú gastaba tanto menos que Brasil en asistencialismo, por el otro crecía mucho más que el país vecino: entre el 2001 y el 2010 el Perú creció 50%, mientras que Brasil solo 26,2%.
    El Estado es un pésimo administrador, NO tiene dolientes, de ahí que el dinero destinado al asistencialismo, de cada cuatro solo llega a tres de sus supuestos beneficiarios, en el mejor de los casos.
    Quien estaría ganando más en la calidad de su producto final, Brasil o Perú??
    El Brasil que saca de la pobreza gracias al cheque que recibe mensualmente del Estado y NO sale de la precariedad de ser dependiente de otro. El regala un pescado……….,
    O Perú que tres de cada cuatro hogares peruanos tienen hoy su propia empresa, con un legítimo orgullo personal por haber surgido, como microempresarios sin estar atentos al asistencialismo de la MANO TENDIDA. O el que enseñó pescar!!!

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