martes, 5 de febrero de 2013

Limitaciones estructurales de la CELAC

Análisis de los distintos sub-bloques existentes puertas adentro de la organización. La fragmentación geopolítica al norte y al sur del Canal de Panamá y los dos modelos sudamericanos como obstáculos al accionar unificado de la CELAC.

(Por Santiago Pérez) - La cumbre CELAC-Unión Europea en Santiago de Chile fue sin dudas el evento de política internacional regional más relevante de lo que va del año 2013. La importancia de la reunión no solo radica en la presencia de Presidentes, Jefes de Estado y representantes de los 33 países de América Latina, sino también en la asistencia de significativos líderes europeos. Las figuras Angela Merkel, Canciller de Alemania (tercera potencia económica mundial) y Mariano Rajoy, presidente de España (antigua potencia colonial y principal inversor en la región) fueron las más destacadas.

Ante tan mediática cumbre vale la pena preguntarse si la CELAC es un cuerpo realmente relevante para la vida de América Latina. La mencionada organización intergubernamental encontró su piedra fundamental allá por Febrero de 2010 en Caracas, Venezuela. El nacimiento de la CELAC puede ser identificado como el último gran triunfo diplomático de Hugo Chávez y al mismo tiempo la materialización de uno de los históricos anhelos del mandatario. Un foro del que participen la totalidad de los países de “Las Américas”, menos Estados Unidos y Canadá. Sin dudas un intento de reemplazar a la OEA (Organización de Estados Americanos) en donde la opinión de Washington suele ser la más influyente.

Hasta aquí, y por la gran convocatoria, pareciera que la CELAC es un éxito y podría marcar el inicio de una nueva etapa para las Relaciones Internacionales de América Latina. Pero si se realiza un análisis un poco más detallado de los equilibrios internos de la organización, el panorama cambia sustancialmente.

Si bien América Latina puede ser observada como una unidad, las realidades intra-regionales son diferentes.

La primera gran fractura es geográfica y a su vez deriva en una división política, demostrando la vigencia de la Geopolítica como disciplina de estudio. El istmo de Panamá divide a América del Sur de América del Norte y Central. Al norte del renombrado canal encontramos un grupo de naciones que tienen similitudes y problemáticas comunes. El primer parecido entre estos países radica en los estrechos vínculos con los Estados Unidos. Como consecuencia de su cercanía geográfica y características macroeconómicas, los países centroamericanos y caribeños tienen una gran dependencia de los altibajos del PBI norteamericano. En muchos casos la demanda de bienes y servicios de los Estados Unidos funciona como el principal motor de estas economías. El caso de México es por demás representativo, el ingreso del país al NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) derivó en una transformación absoluta de su economía. Si bien la asociación con los Estados Unidos permitió a los mexicanos ingresar en un sendero de crecimiento sostenido, también potenció la ya existente concentración del destino de sus exportaciones. Hoy en día el 81% de las ventas externas de México están destinadas a Estados Unidos y Canadá, siendo así la relación con sus vecinos del norte una de las mayores prioridades de su política exterior. El otro gran tema que vincula a los países ubicados al norte del Canal de Panamá es la problemática del narcotráfico. Al ser Centroamérica el camino que recorren los estupefacientes en su camino al mayor mercado mundial, los distintos carteles se sumergen en violentos enfrentamientos por el control de esta estratégica ruta, alterando de forma dramática la agenda política regional.

Al sur del Canal de Panamá encontramos otro gran universo llamado América del Sur. Si bien geográficamente Sudamérica es un elemento bien definido, desde el punto de vista económico está claramente fragmentado en dos bloques. Por un lado las naciones del MERCOSUR (Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Venezuela) y por otro los países del Pacífico, Chile, Perú y Colombia. El mayor antagonismo entre estos dos grupos radica en su estrategia de integración económica. Los primeros basan sus esfuerzos básicamente en desarrollarse intra-regionalmente. El MERCOSUR cuenta con un elevado arancel externo común que funciona como una barrera para las negociaciones con terceros países. Es así que, comercialmente, los países del bloque miran esencialmente hacia adentro de la región. Con una estrategia diferente, las naciones del Pacífico operan de forma libre y negocian con estados tanto sudamericanos como de otros continentes de manera autónoma. Es así que Chile, Perú y Colombia ya cuentan con tratados de libre comercio con Estados Unidos e inclusive han avanzado en acuerdos con potencias asiáticas como China y Japón. En definitiva, dos estrategias de inserción marcadamente diferentes. ¿Cuál es la correcta? Sería atrevido arriesgar una respuesta a esta altura de la historia. Solo el correr de los años, y las décadas, mostrará cual de los dos modelos mencionados trajo más desarrollo e inclusión social.

Estas distintas realidades dentro de la CELAC hacen que la organización tanga limitaciones estructurales y se dificulte su funcionamiento como un bloque unificado. Si bien desde el punto de vista discursivo la reunión de Santiago puede ser considerada un éxito, con elogios a la integración y a la “latinoamericanización” hemisférica por parte de prácticamente todos los mandatarios, en el frente económico es difícil que se puedan tomar decisiones articuladas. Por el momento la CELAC no cuenta siquiera con un presupuesto o una sede, lo que hace inclusive más intangible su institucionalidad. Los múltiples universos, subregiones y bloques existentes en su interior, hacen que su futuro como organización supranacional sea un gran interrogante. Su éxito o fracaso dependerá, de forma absoluta, de la voluntad no solo de los sectores políticos, sino también de las clases dirigentes de los 33 estados miembros.

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