jueves, 14 de febrero de 2013

El increíble protagonismo de Brasil en la vida de los haitianos

Por Santiago Pérez desde Rio de Janeiro
Especial "Desde Brasil"


Brasil, líder de la misión de Naciones Unidas en el país caribeño, se ha transformado en refugio para miles de haitianos emigrados. Una historia que atraviesa múltiples aspectos en el seno de “Las Américas”.


El 29 de Febrero de 2004, Jean-Bertrand Aristide, Presidente de Haití, era derrocado. A partir de aquella fecha, esta empobrecida nación del Caribe, se sumergió en una profunda crisis humanitaria que parece no encontrar fin. Para contrarrestar el vacío de poder generado por la caída la máxima autoridad ejecutiva, el Consejo de Seguridad de la ONU creó MINUSTAH (Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití). El objetivo era claro: reimplantar el orden público. Cuando la situación institucional comenzaba a estabilizarse y la vida haitiana se normalizaba una nueva catástrofe sacudió al debilitado país. El 12 de Enero de 2010 un violento terremoto con epicentro a solo 10 kilómetros de Puerto Príncipe estremeció a Haití. Más de 300.000 personas murieron y otras 300.000 resultaron heridas. La precaria infraestructura nacional quedó absolutamente destruida. La tragedia precarizó aun más el delicado escenario humanitario del país más pobre de América Latina. En este nuevo contexto, más adverso que el ya existente, el rol de MINUSTAH cobró una renovada importancia. Es aquí donde Brasil entra en escena. El país sudamericano ocupó un lugar protagónico en la Misión de Naciones Unidas desde su inicio. Desde su nacimiento, la misión es comandada por Fuerzas Brasileñas. El país esta a cargo de uniformados pertenecientes a ejércitos de una veintena de estados. Desde el comienzo de las actividades 35 brasileños han perdido la vida, 18 de ellos durante el terremoto. Las contribuciones del Gobierno Federal en ayuda humanitaria han alcanzado los 500 millones de dólares y, en 2011, el Ejercito Brasileño anunció que construirá una central hidroeléctrica que proveerá de energía a un millón de haitianos.

Pero la vinculación entre Brasil y Haití, o mejor dicho, entre Brasil y los haitianos va mucho más allá de lo que sucede en el Caribe. El país sudamericano se ha transformado en el refugio de miles de individuos que escapan de Haití en busca de un futuro más próspero. Estos hombres y mujeres han encontrado en la emergente potencia un lugar donde dar inicio a una nueva vida, la creciente demanda de mano de obra representa una oportunidad para ellos.

¿Como hacen estos inmigrantes para llegar de una a otra nación? El viaje se inicia en Santo Domingo, capital de República Dominicana. Allí es donde los haitianos compran en una suerte de agencia de viajes (si es que puede llamársele así) el “paquete” de emigración a Brasil. El mismo se valúa entre los 1000 y los 3000 dólares. Incluye un viaje que se inicia en Santo Domingo, sigue a Panamá y desde allí a Lima. Una vez en la capital peruana el camino es muy duro. Un recorrido de 1700 kilómetros por tierra, atravesando una región de alta densidad selvática para finalmente llegar a Brasil. La ciudad de Brasileia, Estado de Acre, ubicada en la frontera con Bolivia, cercana al territorio peruano, se ha transformado en la puerta de entrada de los haitianos al sueño brasileño. Desafortunadamente es aquí donde los problemas comienzan. El sueño muchas veces se convierte en pesadilla. El gobierno de Acre no cuenta con los recursos necesarios para asistir a los recién llegados. Los 50 millones de dólares destinados a tal efecto por el ejecutivo local distan de ser suficientes. Los haitianos que allí arriban suelen permanecer en las calles o en la plaza central a la espera de alguna oportunidad. Muchos aguardan ser contratados por alguna empresa de construcción. Otros intentan conseguir dinero para viajar por tierra a Rondonia, o, si es posible, a San Pablo, en donde las oportunidades de trabajo son mucho mayores. Los resultados de la búsqueda laboral son dispares. Para algunos se hace muy difícil, para otros la suerte es distinta. Hay casos en donde, trabajando largas jornadas, un haitiano puede ganar hasta dos mil dólares al mes. Un salario suficiente para llevar una vida muy digna en Brasil, sostener una familia, e inclusive, ayudar a los que aún están en Haití y desean iniciar la aventura.

La realidad migratoria es otra gran cuestión. La Policía Federal ha emitido un número determinado de visas humanitarias en los puestos fronterizos. La permeabilidad de una frontera escasamente controlada fue aprovechada por muchos que ingresaron al país de forma ilegal. Hoy en día hay más de 4000 haitianos indocumentados viviendo en Brasil y la cifra va en aumento. Desafortunadamente para los que recién arriban o lo harán en el futuro la política migratoria será más estricta de ahora en adelante. El Consejo Nacional de Inmigración ha instrumentado un nuevo régimen, el cual otorgará un máximo de 100 visas mensuales. Las mismas deberán ser tramitadas en la Embajada de Brasil en Puerto Príncipe. El solicitante estará obligado a contar con un contrato de trabajo en Brasil para acceder al beneficio. El objetivo del gobierno brasileño es intentar detener por medio de la reglamentación la “desordenada” llegada de haitianos. El ministro de Relaciones Exteriores, Antonio Patriota, defendió la medida. Sostuvo que las condiciones en Haití han mejorado, que la economía crecerá un 6% este año y que los ciudadanos de aquel país ya no deberán emigrar para conseguir empleo.

Este conflicto es, si se quiere, una consecuencia “indeseada” del éxito económico. Como sucede con otras potencias a nivel mundial, Brasil se está transformando un imán para inmigrantes. No son solo los haitianos los que buscan un futuro próspero en este país. Ciudadanos de múltiples países de América Latina, Portugal y el África lusofona llegan día a día a esta inmensa nación persiguiendo una vida mejor.


1 comentario:

  1. Gracias por la informacion me a sido de gran ayuda aunque uviera preferido que estuviera mas detallada pero es muy util para el proyecto que estoy realizando.

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