miércoles, 9 de enero de 2013

Brasil, Argentina y dos interpretaciones antagónicas de la “centroizquierda”

Diferencias entre las gestiones Lula-Dilma y Néstor-Cristina. Visiones encontradas sobre la política y la economía dentro de un espacio ideológico teóricamente similar.

(Por Santiago Pérez desde Rio de Janeiro) La primera década del siglo XXI trajo a América Latina un aluvión de gobiernos autodenominados progresistas, socialistas o simplemente “de izquierda”. Hugo Chávez conquistó el poder el 2 de febrero de 1999 y marcó el inicio de un giro político de la región. Néstor Kirchner llegó a la Presidencia de la Argentina el 25 de mayo de 2003, Evo Morales alcanzó la Primera Magistratura boliviana el 22 de enero de 2006 y, por último, Rafael Correa logró coronarse como Presidente de Ecuador el 15 de enero de 2007.

Todos estos hombres comparten una visión similar de la política, la economía, el rol del estado y el funcionamiento del sistema internacional. No es casualidad que sus discursos estén poblados de declaraciones nacionalistas y reivindicatorias de los derechos de los pueblos latinoamericanos. Otro factor que aúna a estos líderes es su apoyo y admiración a la gestión del Partido de los Trabajadores en Brasil. De una forma u otra, el grupo de países aquí mencionado acepta el liderazgo regional de Brasil y considera tanto a Luiz Inacio Lula Da Silva como a Dilma Rousseff referentes políticos a imitar y admirar. Pero vale hacerse la siguiente pregunta: ¿Existen reales similitudes entre los estilos de gobierno de Lula y Dilma y las gestiones de Chávez, Kirchner, Morales y Correa?

Si bien el líder brasileño se caracterizó por un discurso algo radical durante sus tiempos de sindicalista e incluso mientras daba sus primeros pasos en política, con el paso del tiempo y la acumulación de experiencia, su visión sobre los asuntos latinoamericanos sufrió marcadas modificaciones. Lula ganó las elecciones presidenciales brasileñas de 2002 y asumió su primer mandato el 1 de enero 2003. Una vez en la presidencia, imprimó a su gestión un estilo pragmático y de cierta racionalidad. En el plano económico, dio continuidad a los grandes lineamientos de su antecesor, Fernando Henrique Cardozo. Mientras el discurso del líder del Partido de los Trabajadores se nutría de elementos que podrían ser considerados “de izquierda”, su equipo económico mantenía las variables macroeconómicas fundamentales estables. El “mercado” acompañó a su gobierno y Brasil se transformó en una aspiradora para las inversiones extranjeras que llegaban a América Latina. La baja inflación, el respeto por la propiedad privada y la no aplicación de políticas de nacionalización y expropiación sedujeron al capital internacional. Inversionistas del mundo entero encontraron en Brasil un inmejorable refugio ante la crisis económica del mundo desarrollado.

¿Es este un estilo de gobierno similar al modelo “nacional y popular” del Kirchnerismo?

Si bien desde el punto de vista teórico el Frente para la Victoria y el Partido de los Trabajadores ocupan el mismo espacio dentro del espectro político, las diferencias en los estilos de gestión son dramáticas.

En el plano económico, las presidencias de Néstor y Cristina fueron marcadas por un retorno del Estado como elemento rector de la vida económica. Luego de una década (la del 90) sellada por la apertura y libertad económica, el Kirchnerismo dio una vuelta de página y aplicó regulaciones, controles de precios, estatizaciones y restricciones monetarias. Lo curioso y, al mismo tiempo, inentendible es que este intervencionismo estatal fue realizado, casi en su totalidad, en forma simultánea a un discurso internacional de “admiración” por el modelo económico brasileño, aun cuando este es total y absolutamente diferente.

Pero el antagonismo entre las duplas Lula-Dilma y Néstor-Cristina excede la esfera económica y abarca una multiplicidad de aspectos de la vida política nacional. La relación con la prensa ha sido y es plenamente diferente. El Partido de los Trabajadores no ha dedicado mayores esfuerzos a influir o intentar desbancar los grandes conglomerados de medios brasileños. Si bien la información distribuida por Globo, Folha de Sao Paulo, SBT y RedeTV ha sido, en casos, criticada desde la presidencia, su existencia e independencia nunca fue realmente cuestionada. En otras palabras, el estado no avanzó sobre los medios de comunicación. A pesar de ser el argentino (supuestamente) un gobierno del mismo “signo político” que el brasileño, la visión sobre estos asuntos es totalmente diferente. El atropello sobre diarios, radios y canales de televisión en Argentina fue una prioridad para el Kircherismo de los últimos años. El ataque se dio básicamente por tres frentes. Desde el punto de vista legal por medio de la polémica “Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual”, desde el ámbito estatal mediante la repartición discrecional de la publicidad oficial y, por último, a través de la compra de empresas del sector por parte de empresarios aliados y funcionales al Kirchnerismo. En definitiva, un manifiesto intento de apagar las voces críticas, el cual difiere sustancialmente de lo que sucede en el tan “alagado” Brasil de Lula y Dilma.

Otro de los aspectos que muestra que un gobierno progresista no es necesariamente lo que Néstor y Cristina intentan imponer es la relación del Partido de los Trabajadores con el valioso y democrático principio de la alternancia en el poder. La Constitución brasileña es clara: permite dos mandatos presidenciales consecutivos, pero no más de dos. Lula gobernó el país entre 2003 y 2007. Una vez finalizado su mandato, hizo uso de su derecho constitucional y se presentó a elecciones para un segundo período. Una nueva victoria le permitió gobernar hasta 2011 donde dio un paso al costado y, respetando los tiempos constitucionales, abrió un espacio para su copartidaria, Dilma Rousseff. En la Argentina, Néstor y Cristina intentaron “esquivar” el límite constitucional de dos períodos, alternándose en la Presidencia. Ante el fallecimiento del primero, esta opción quedó descartada. Este escenario, de limitación institucional a la continuidad, dirige al sistema político argentino hacia un terreno incierto. La supercentralización del poder hace que no sea viable, al menos hasta ahora, un sucesor para Cristina. La reforma de la Constitución para permitir la “eternización” de la actual Presidenta en el poder parece el único camino para el partido del gobierno. Los miembros del Frente para la Victoria no ocultan sus intenciones y se han manifestado en favor de una “Cristina eterna” y en contra de la “alternancia boba”. Se trata de un modelo personalista, más parecido a los proyectos de Chávez, Correa y Morales que al siempre “admirado” Brasil de Lula y Dilma.

En los últimos años, los éxitos de Brasil fueron una inspiración para distintos sectores de la Argentina. Tanto los partidos políticos como empresarios y otros actores de la sociedad civil ponen como ejemplo al “gigante sudamericano” y sus decisiones estratégicas. Sería interesante que, para “aprender” de las conquistas del más relevante de los vecinos de la Argentina, el gobierno preste atención al fondo de las políticas implementadas desde Brasilia y no solo a la superficie discursiva. Si bien los dos mayores socios del Mercosur son técnicamente gobernados por la “izquierda”, se trata de dos “izquierdas” que tienen muy poco que ver una con la otra.

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