jueves, 15 de noviembre de 2012

Grandes diferencias en las políticas de estado de la Argentina y Brasil

Brasil y Argentina dentro del escenario sudamericano. La importancia de la continuidad en los grandes lineamientos macroeconómicos y de política exterior.

(Por Santiago Pérez) - Argentina y Brasil fueron históricamente los dos países más influyentes de América del Sur. Durante muchos años, e inclusive en la actualidad, Argentina se diferenció de sus vecinos por su población altamente alfabetizada, su sistema educativo gratuito y de excelencia y una amplia y próspera clase media. Todos estos factores le permitieron desarrollar una economía diversificada que durante buena parte del siglo XX fue la más importante del subcontinente. Este protagonismo económico había transformado a la Argentina en un actor central para las Relaciones Internacionales de la región, compitiendo en distintos aspectos por el liderazgo político sudamericano con el otro “gran país” de América del Sur: Brasil.

Con el correr de los años (y de las décadas) esta paridad en el peso político y económico regional entre brasileños y argentinos comenzó a desaparecer. Lentamente la realidad fue desactualizando el debate sobre quien era el líder sudamericano. Los números de la economía son un factor ineludible para analizar la realidad política internacional. Son justamente estos números los que nos permiten comprender que rol ocupan uno y otro país en la vida subcontinental. Hoy en día, según números del Banco Mundial, Brasil es la sexta potencia económica mundial y la Argentina se encuentra relegada al vigésimo quinto puesto. Hasta inicios de la década de 1970 el PBI de la Argentina era superior al de Brasil, fue entonces cuando la economía brasileña desplazó a la argentina de la vanguardia sudamericana. Desde entonces, su liderazgo fue incuestionable. ¿Por qué sucedió esto? ¿Cómo es posible que una disputa entre iguales haya derivado en semejante abismo? Los motivos son múltiples y de los más diversos, me propongo aquí enumerar, al menos, los más relevantes.

Las políticas de estado son uno de los grandes temas a analizar. Desde hace ya varias décadas existe un consenso en Brasil sobre que “modelo económico” se desea construir. Militarares, empresarios, sindicalistas, partidos políticos de izquierda y derecha y otros factores de poder dentro de la sociedad concuerdan sobre la importancia del desarrollo industrial y agro industrial. Es así que las condiciones necesarias para la generación de proyectos a largo plazo no son alteradas ni con el paso de los años ni con los cambios de gobierno. El Partido de los Trabajadores llegó al poder el 1 de enero de 2003 de la mano de Luiz Inácio Lula da Silva. Desde entonces, no ha modificado las grandes decisiones macroeconómicas de su antecesor, el Partido de la Social Democracia Brasileña de Fernando Henrique Cardoso. En otras palabras, la clase dirigente brasileña discute como mejorar el modelo y no que modelo aplicar.

En Argentina la situación es diferente. La década de 1990 estuvo marcada por las privatizaciones, la desregulación económica y la apertura de los mercados. Desde 2003 a la fecha se ha ido en sentido contrario, borrando todo lo hecho durante “los 90” con el objetivo de refundar la economía nacional. Las herramientas fueron las re-estatizaciones, nuevas regulaciones y un rol activo del estado dentro de la vida económica. ¿Qué pasará en el futuro si hay un cambio de signo político en la presidencia? ¿Hacia donde se dirigirá el rumbo económico? Es imposible saberlo. ¿Es bueno o malo el intervencionismo? ¿Las empresas de servicios públicos deben ser estatales o privadas? Ese no es el punto, ese no es el problema. El inconveniente radica en el cambio constante de dirección. El modelo económico como política de estado no existe, lo que si existe es un modelo económico como política de gobierno. En otras palabras, el modelo económico dura lo que dura un signo político en el poder.

Algo muy similar sucede con las Relaciones Exteriores. Itamaraty conduce la política exterior brasileña con un objetivo bien definido y que no sufre grandes alteraciones con la llegada de nuevas administraciones. La meta es posicionar a Brasil como una nación políticamente independiente y que compita (y no necesariamente confronte) con Estados Unidos por ejercer influencia sobre América Latina. La proyección extra regional es también específica. Brasil debe mostrarse al mundo como el líder político de América del Sur, y, sin dudas, como representante de la región ante las grandes potencias mundiales. Si en el futuro surgiera la posibilidad de una reforma del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el asiento destinado a América Latina debe ser ocupado por Brasil. ¿Cuál es la política exterior argentina? ¿Relaciones carnales con Estados Unidos? ¿La “latinoamericanizacion” de la era Kirchnerista? ¿Una nueva tendencia impuesta por un eventual próximo gobierno? Es difícil que el mundo entienda que lugar desea ocupar Argentina dentro del concierto internacional cuando la política exterior es propiedad de los partidos políticos y no de la nación.


Alejándonos un poco del análisis de las políticas de estado me interesa detenerme en dos aspectos adicionales, los cuales son de gran importancia y sufren de presentes marcadamente diferentes en uno y otro país. La moneda y el capital.

El Real es el signo monetario brasileño desde 1994, nació solo 2 años después que el Peso. La diferencia entre estas dos monedas es que la primera despierta confianza en la sociedad que la utiliza y la segunda simplemente no lo hace. Es así que los brasileños ahorran en reales, compran propiedades en reales, toman créditos en reales, realizan inversiones en reales, e, inclusive, inversores extranjeros buscan refugio en el Real. La confianza y el ahorro en moneda nacional son factores dramáticamente dinamizadores de la economía, es más, me atrevería a sostener que son la base de la riqueza de un país. En Argentina la situación es absolutamente diferente. La sociedad no confía en su moneda, no ahorra en su moneda, y, obviamente, ningún inversor internacional decide comprar pesos. La diferencia reside en que la autoridad monetaria brasileña ha decidido defender el Real, preservando su valor y manteniendo las tasas de inflación en un digito por años, en otras palabras, los agentes económicos confían en el Real porque este no pierde valor. En la Argentina las cosas son distintas. El Peso sufre micro (siempre) y macro (2002) devaluaciones. Existen múltiples tipos de cambio por lo que nadie sabe exactamente cual es el valor de la divisa. Por último la tasa de inflación es un tema de debate en el cual nadie puede ponerse de acuerdo. Es muy difícil conseguir que los agentes económicos ahorren en moneda nacional cuando nadie sabe efectivamente cual es su valor.

El último aspecto a mencionar es el capital. Cuando digo “capital”, me refiero a capital privado y público nacional, empresariado nacional y/o burguesía nacional. Durante el último decenio empresas brasileñas dieron inicio a un proceso de internacionalización, adquiriendo activos estratégicos en toda América del Sur. El capital argentino no logró el mismo grado de expansión internacional. El gobierno ha estatizado empresas otrora privadas pero el “capital argentino” no ha conseguido insertarse en la economía internacional. Los tentáculos de la economía brasileña ya penetran más allá de las fronteras nacionales, llevando riqueza desde el exterior hacia Brasil, inclusive, desde de la Argentina.

De mantenerse las tendencias, la posición de la Argentina dentro del mapa geopolítico sudamericano puede sufrir nuevos retrocesos. Algunos números del gobierno colombiano (por ahora bastante cuestionables) afirman que Colombia superó a la Argentina y es ahora la segunda mayor economía sudamericana. Si la Argentina desea mantenerse como un actor central de las Relaciones Internacionales de América del Sur, deberá trabajar para no perder el valioso segundo lugar que todavía ocupa.

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