martes, 25 de septiembre de 2012

Dilma Rousseff presiona por el ingreso de Brasil al Consejo de Seguridad de la ONU

El discurso Dilma Rousseff ante la Asamblea General de Naciones Unidas fue prudente y no se alejó de las líneas que Brasil viene cursando en su agenda internacional, es decir, no aportó grandes novedades. Al igual que Barack Obama, condenó a Bashar al-Assad por la crisis humanitaria por la que atraviesa Siria. Pero, por otro lado, intentó diferenciarse de los Estados Unidos adjudicando cierta responsabilidad en las matanzas a los grupos opositores armados. Al igual que todos los años, la Presidente volvió a solicitar una reformulación del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que de mayor representatividad al organismo. Este pedido se enmarca dentro del ya conocido interés de Brasil en ingresar al cuerpo y poder, de esta forma, influir de manera directa en los grandes temas de la agenda global. En lo relativo a la crisis económica internacional, Rousseff criticó las políticas ortodoxas y defendió la coordinación entre el FMI, el Banco Mundial y otros organismos para salir de la crisis. Se pronunció en favor de medidas más heterodoxas. Defendió el modelo de desarrollo brasileño el cual, en sus palabras, consiguió sacar varios millones de personas de la pobreza y de esta forma impulsar el consumo y el crecimiento económico. En resumen: conceptos conocidos. Las palabras de la mandataria son una demostración de la estabilidad en la política exterior brasileña y el sostenimiento de los lineamientos generales en el tiempo más allá del color político del partido de gobierno.

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